Hoy más que nunca la sociedad está en deuda con quienes, durante esta pandemia, se han convertido en héroes: los profesionales de la salud. No solo los médicos, también los enfermeros y enfermeras, los auxiliares de enfermería, cuidadores, personal administrativo y el personal de servicios generales, silencioso y anónimo. Todos ellos, trabajando sin las más estrictas medidas de bio-seguridad, expuestos a los riesgos de contagio por el coronavirus y demostrando su capacidad de entrega, su vocación de servicio y su preocupación ante este virus, que se expande por todo el mundo.
Los galenos, fieles a su juramento hipocrático, con un alto contenido ético manifiestan vivir y practicar “este arte de forma santa y pura”, prometen consagrar su vida “al servicio de la humanidad”, ejerciendo su profesión “dignamente y a conciencia”. Es decir, salvar vidas es la gran consigna y esto, aunque no se quiera aceptar, implica, la vida en todas sus dimensiones, desde el momento de su concepción hasta la muerte natural. Lo que están haciendo en esta pandemia, es digno de ¡admirar y elogiar!
Esta pandemia ha dejado al descubierto la vulnerabilidad del sistema de salud, como también la ineficiencia e inoperancia de las llamadas “políticas públicas”. Es un virus contagioso. No se puede ignorar que hay un esfuerzo del gobierno nacional para hacer frente a esta crisis mundial, hay una intención muy sana pero como siempre, los depredadores de lo público, buscan pescar en río revuelto y con mucha facilidad, acceden a contratos públicos para sacar provecho y robarse los dineros que pertenecen a los pobres, a los enfermos y a los más necesitados. ¡Es una infamia!, causa dolor institucional y dolor personal, produce agriera el solo hecho de pensar que haya gente sin escrúpulos para llenar sus arcas de un dinero que no les pertenece y más aún, la anuencia de algunos politiqueros de oficio que no les interesa el bien común, sino el poder. La pandemia ha dejado al descubierto que en Colombia, el problema viene desde arriba, hay una estructura contractual viciada y hay entidades que no han sido investigadas a sabiendas de la podredumbre que hay en sus círculos internos.
¿Cuánto tiempo más debemos esperar para dar un viraje al sistema de salud que sea realmente efectivo, alcanzando estándares de calidad nacional e internacionales? Seguimos en los municipios con hospitales de primero y segundo nivel y las EPS siguen haciendo su fortín económico sin las sanciones por sus incumplimientos. Baste revisar en las oficinas de los administradores de las EPS, la cantidad de derechos de petición y de tutelas falladas incluso a favor de los pacientes; entidades que no dan puntada sin dedal, si el paciente no está a paz y salvo, no se le atiende; si llega tarde a una cita médica se le castiga; pero si la EPS incumple o no tiene los medicamentos o el médico llega tarde, el paciente simplemente debe aprender a esperar. O ¿Qué tal el hecho de desatender, por parte de las EPS e IPS, a los niños, porque no tienen su registro civil de nacimiento? ¿Cuál es entonces el trabajo de custodia y vigilancia de la Superintendencia de Salud?
Desde esta columna rendimos un sentido homenaje a los profesionales de la salud y a la vez les decimos gracias por todo el bien que han hecho, por las vidas que están salvando. Cuenten con nuestra cercanía y nuestro compromiso al valorar el trabajo que hacen. Y hacemos un llamado especial a nuestros gobiernos para que trabajen inter institucionalmente y se preocupen por la calidad de vida de los ciudadanos mediante estructuras sólidas de salud, educación, vivienda digna, alimentación, movilidad, servicios básicos, etc. comprometidos con la destrucción del virus de la corrupción que sigue arrebatando de nuestras comunidades la posibilidad de un auténtico desarrollo sostenible.
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