Por: David Arturo Cubillos V.
Conocí a una persona que soñó un día con ayudar a unas familias de un país pobre y sin pensarlo llenó de felicidad a muchos niños.
Un día él conoció una población rural en Nicaragua donde las personas vivían en casas de plástico y piso de tierra, los niños no podían ir al colegio por falta de ropa, útiles escolares o incluso comida, cuando llovía los padres tenían que mover a los niños porque muchas veces su cama y ropa se mojaban, muchos de ellos acostumbrados a su situación y otros soñando con un cambio, pero tal vez todos los niños llenos de fantasía e historias en su cabeza que los hacía libres y les permitía volar en sus camas mojadas para esperar o tener un sueño que fuera materializado algún día en sus vidas.
Este hombre fue a su país con una idea: “si tengo amigos que puedan aportar un poco de dinero, podría ayudar a que estos niños puedan movilizarse para ir a estudiar y así garantizar que su mente vaya cambiando” y si, sin duda el cambio empieza desde que logremos que el cerebro de las personas se eduque y logre conocer el mundo para adaptarse a el.
Pero también este hombre pensó: “si abro un grupo de WhatsApp con 250 personas y les pido que cada uno dé un pequeño aporte podríamos construir algunas casas sencillas para estás familias”, porque si pensamos cuando duermes en una cama seca y tu piso es de cemento tal vez puedes liberar tu mente hacia la creatividad, hacia el desarrollo y hacia creencias de cómo puedo luchar por mi familia.
Luego nuestro amigo pensó que podrían haber personas para apoyar a cada niño en sus estudios, tener útiles escolares y tal vez alimentación y logró que las personas se sumaran y garantizaran ese derecho de estos niños que nacieron en una condición difícil.
Ahora después de haber tenido esa loca idea nuestro amigo entre lágrimas nos cuenta la historia de haber construido muchas casitas, haber comprado bicicletas para llegar a la escuela y haber logrado aportar a la educación de los niños. Sin duda lo que empezó como esa idea hoy se convirtió en una realidad que cambia la vida de familias enteras, e incluso la suya porque esto le dio sentido y propósito a su existencia.
Y es que muchas veces nos quejamos pero dejamos de soñar y de tener propósitos más allá de nuestra propia queja, pensamos que necesitamos tantas cosas para ser felices pero nunca miramos que tenemos todo y que tenerlo nos vuelve más inconformes.
Cuando soñamos para dar algo a los otros llenamos nuestra vida de sentido, dar es la mejor muestra de amor y necesitamos que más personas en el mundo quieran mostrar su amor.
Abramos nuestra mente a considerar que en la posición que estemos algo podríamos aportar para que otros puedan soñar, podemos aportar en nuestra familia, nuestros núcleos de amigos y en la sociedad que siempre tiene algún tipo de carencia.
Recordemos que sin importar en qué situación estemos podemos ser felices.
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