La vertiginosa serie de sucesos conducentes a un cese al fuego entre el Estado de Israel y Hamas, facción palestina que dos años atrás agredió con barbarie inimaginable a miles de israelíes vecinos de la Franja de Gaza y del interior del país, acuerdo logrado a instancias del gobierno Trump y un grupo de países promotores -garantes del proceso, no permite de momento consideración distinta al alivio anímico del mundo.
¿Solución momentánea o permanente? Nadie sensato se atrevería a asegurarlo, pero por lo menos se detiene el espiral de violencia y víctimas de la misma, y se abren ventanas de esperanza hacia una paz vista hasta ahora como imposible.
No faltan, desde luego, los enemigos de esta inesperada paz. A muchos les repele por el protagonismo del presidente Trump, portaestandarte de la derecha en ascenso global; a otros, por invalidar posiciones radicales del espectro político; a los demás, caso Gustavo Petro, al acallar por sustracción de materia su dislocado, su demencial discurso guerrerista con el cual pretendía convocar y armar voluntarios ¡para declararle la guerra a Israel!!
Tonterías de adicto aparte, y por gracia, somos bastantes más quienes creemos en la bondad y concreción de la iniciativa. Queda clarísimo el indiscutible triunfo del gobierno Netanyahu, de su política en defensa de la integridad territorial y de la dignidad nacional de Israel, a todo costo. Dicho lo anterior, incluyo parte de la nota previamente escrita, antes de la buena nueva:
Es probadamente falso que quienes han condenado las acciones militares contra Hamas, profesen respeto y supuesto aprecio por el pueblo de Israel, juzgando al tiempo con los peores calificativos a su gobierno, por asumir la elemental responsabilidad de protegerlo de agresiones de todo tipo. Entre abiertos e hipócritas enemigos del pueblo judío alrededor del mundo, opositores beligerantes de la ofensiva israelí contra la organización terrorista, en eventual e inevitable perjuicio de población civil en Gaza, por lo menos en principio ajena a actividades delictivas, es lugar común pregonar que distinguen entre la ciudadanía de Israel, inocente en cuanto a decisiones militares, y el gobierno de Netanyahu, culpable según ellos de acciones bélicas no selectivas. Llegan a calificarlas de genocidio, mega delito cometido en el pasado reciente contra ellos, contra el pueblo judío, con procedimientos masivos, al extremo horripilantes, motivos de imborrable vergüenza para el género humano. En Gaza, sin embargo, los hechos han venido a demostrarlo: sin el conocimiento y consentimiento de la generalidad de sus habitantes, habría sido del todo imposible para el grupo terrorista, haber tejido la intrincada y enorme red (supera los 700 kilómetros) de túneles e instalaciones subterráneas donde ubicaron complejos centros de operaciones, depósitos de armamento, explosivos, alojamientos y dotación logística, “protegidos” en la superficie por hospitales, centros educativos, conjuntos de viviendas, etc.
Colofón: ¡Que gobiernos de países en cuyas jurisdicciones tuvieron lugar operaciones de exterminio de judíos, Alemania a la cabeza, operen hoy día en contra del pueblo de Israel y a favor de oficiantes del terror, es verdaderamente escalofriante!
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