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Vida plena

Óscar Piedrahíta

lunes, 27 julio 2020

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Ver partir hacia la eternidad a los amigos con los que se ha compartido, de los que se guardan tan buenos recuerdos, duele. Aceptar que jamás se contemplará su rostro de nuevo, que no se escuchará el eco de su risa o el sonido de su voz y que nunca más habrá un encuentro para … Continuar leyendo

Ver partir hacia la eternidad a los amigos con los que se ha compartido, de los que se guardan tan buenos recuerdos, duele. Aceptar que jamás se contemplará su rostro de nuevo, que no se escuchará el eco de su risa o el sonido de su voz y que nunca más habrá un encuentro para tomar café, genera nostalgia. Prepararse para su ausencia definitiva y aprender a contemplar el mundo sin su imagen, es difícil.

Algunos se van cuando han vivido plenamente, cuando sus años han tenido todo el sentido y se han dedicado a impactar la vida de otros de forma grata.

Son ejemplares y la huella que labran es maravillosa. Se dedican a obrar con rectitud, cultivar valores, hacer de la integridad una bandera y del servicio una misión. Estudian, trabajan, despliegan sus talentos, usan sus dones en beneficio de otros, se entregan en la amistad de manera incondicional, fundan una familia y se donan con el alma a ella, son rectos, generosos, tratan bien, el mal no cruza, ni por su mente, ni por sus actos y a cada cosa que hacen, le ponen lo mejor.

Viven en intensidad y con prudencia, saborean cada experiencia y aprenden de ella, se convierten en los mejores maestros para sus hijos, porque hacen del honor una manera de trasegar. Son ejemplares y su nombre se menciona para referenciar que sí es posible ser honesto, respetuoso, tolerante, impecable en toda la dimensión de la palabra.

En un entorno donde la relatividad moral pulula y la conveniencia personal, pareciera primar sobre el interés general; es complejo hallar a personas de las cuales puedan predicarse encumbrados principios… sin embargo, hay seres humanos —hombres y mujeres— cuyos códigos éticos son tan acertados y su conducta privada y social tan limpia, que pueden ser tomados como referente.

Ellos, los que hacen de su vida una obra magistral, se dedican a cultivar lo mejor de su ser con sana disciplina. Son buenos estudiantes durante toda su existencia, comprenden que estamos aprendiendo siempre, haciendo discernimiento, generando claridades… Aprecian en cada ocasión una oportunidad para ser mejores, avanzar en su camino personal, afinar virtudes… Se enfocan en construir una versión cada vez más depurada de su ser, comprendiendo la excelencia como norte que inspira y reto que convoca.

En sus relaciones interpersonales son extraordinarios: hijos esmerados, hermanos solidarios, esposos consagrados, padres amorosos… Son integrantes invaluables de su familia y constructores de entendimiento, armonía y afecto. Como jefes y compañeros de trabajo, son respetuosos, enfocados en el logro de buenos resultados, cumplidores de sus deberes, serviciales e íntegros.

En su rol de ciudadanos, son comprometidos, aportantes al beneficio común, buenos vecinos, políticamente responsables, cumplidores de los deberes, respetuosos de la ley y del Estado.

En todo lo que hacen son buenos, dejan siempre una traza de calidad y dulzura. Por eso, cuando se van, hacen falta… aunque por haber vivido de forma plena, el recuerdo que dejan es dulce e imperecedero. —A Héctor Ocampo Quintero, eminente juez, gran esposo y padre, amigo inolvidable, quien tuvo… una vida plena—.


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