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¿Ya prendieron la navidad?

Mauricio Hernández

miércoles, 12 noviembre 2025

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Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal no compromete la linea editorial ni periodistica de la CRONICA S.A.S

En nuestra casa ya prendimos la navidad. Lo mismo han hecho millones de colombianos en sus hogares. Somos unos apresurados, lo admitimos; pero es que, desde septiembre, estamos sintiendo que las festividades de diciembre nos respiran en la nuca. Y ante esta precocidad, que ni siquiera deja terminar la noche de Halloween, es mejor aprovechar cada día de los fríos de noviembre para adornar con luces y colores.

El fin de semana decoramos toda la casa. Vino la suegra y nos la ayudó a engalanar. Pese a que es una suegra buena, como dice la canción, no nos dejó la chiva, ni la burra negra, ni la yegua blanca. En fin, colocamos de todo: un árbol en el que pusimos un moño gigante, unas bolas del tamaño de los planetas y una ardilla que tiene genes de conejo; también pusimos guirnaldas navideñas en el techo, rodeadas con luces de un amarillo cálido; en diferentes partes de la sala, dejamos flores brillantes y más luces, además de dos Papás Noel y un Arlequín en todo el centro de la fiesta. 

Mi suegro, por supuesto, acompañó esta acometida: peló cables, extendió instalaciones, unió luces y tomó mucha cerveza, al igual que yo. Al final de la jornada de decoración quedamos más prendidos que un ocho de diciembre, pero dejamos todo funcionando. Bueno, en realidad él es el experto. Yo no pude sacar toda mi experticia: estaba listo para cambiar los “intermitentes” de las extensiones navideñas. Estos son bombillos que, si se funden, provocan que el resto de las luces no prendan. El problema es que hoy en día todos los bombillos son tipo led y los intermitentes dejaron de existir.  

Si bien los niños no ayudaron en nada durante el día, en la noche bajaron de sus cuartos para ver todo iluminado. Sus ojos brillaron de alegría. Y en ellos hubo un reflejo lleno de recuerdos. En las luces, los adornos, el olor a plástico, la algarabía y todo lo que acompaña a esta época, produce un sosiego incomparable. 

La tranquilidad del año se va desvaneciendo con el cansancio y el otro ruido que agota: el de los meses anteriores, el de los ajetreos rutinarios, el de la ausencia de ocio y descanso. La navidad y la anticipación de esta época, dejan ver la necesidad de este tipo de bienestar. Los cuerpos junto a sus mentes están deseosos de parar y disfrutar. 

Yo creo que el apresuramiento por armar la navidad es el indicio de que necesitamos estos momentos fraternos, en los que la felicidad que se deja acompañar de natillas y buñuelos, de regalos y buenos deseos. Es revitalizante reunirse para armar y decorar. Cambiarles el atuendo a los hogares, desde noviembre, es una prueba de que queremos salir del lugar monótono en el que nos meten las ocupaciones cotidianas. 

Armar la navidad y prender las luces es el mejor antídoto para que la mejor época del año no nos pase en un parpadeo.


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