Desde los 13 años, la atleta quindiana construyó una carrera marcada por la disciplina, los sacrificios y los triunfos nacionales e internacionales.
Amparo Alba Quintero, a los 13 años, cuando muchos apenas descubren sus talentos, ya comenzaba a escribir una historia que la llevaría a lo más alto del atletismo nacional.
Forjada entre entrenamientos extremos, competencias internacionales y una disciplina inquebrantable, se consolidó como una de las mejores corredoras colombianas de los 800 y 1.500 metros. Campeona sudamericana y bolivariana, con 87 logros nacionales y participación en un mundial bajo techo, su carrera dejó una huella imborrable en el deporte.
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De forma paralela, se formó académicamente en Salud Ocupacional y en la Licenciatura en Educación en la Universidad del Quindío, lo que le permitió trabajar 10 años vinculada a la entidad de Coldeportes Quindío. Hoy, Alba mira su recorrido con orgullo, sin desligarse nunca de la pasión que la impulsó desde niña.
¿Cómo llegó el atletismo a su vida y qué recuerda de sus primeros momentos?
Llegó casi sin buscarlo. Desde niña amaba el deporte y era multifacética: jugaba baloncesto, voleibol e incluso hasta fútbol. En los años 90 apareció un periodista llamado Gustavo, al que le decían el Culebrero. Él empezó a entrenarme y fue muy claro conmigo: “O te convertís en atleta o te volvés basquetbolista”.
Fue él quien me llevó al primer campeonato nacional en Popayán. Allí gané las pruebas y fue cuando los entrenadores se dieron cuenta de que yo tenía condiciones natas. A mí me las descubrieron otros, porque yo solo corría y hacía deporte por gusto. Desde ese momento, las puertas empezaron a abrirse y el atletismo dejó de ser un juego para convertirse en mi camino.
Entrenó muy duro desde muy joven, incluso con hombres. ¿Qué le dejó esa forma de prepararse?
Nunca entrenaba con mujeres; siempre lo hacía con hombres y eran entrenamientos demasiado fuertes, que me exigían el doble. Hoy lo recuerdo como una anécdota. En algunos me amarraban con un cinturón para hacer una cuesta de un kilómetro: yo corría y, si no podía más, prácticamente me arrastraban.
Eso me ayudó a no ver a los hombres como enemigos, sino como compañeros de entrenamiento. Pero, sobre todo, me dejó la mentalidad muy clara: si podía correr con ellos, ¿por qué no iba a poder hacerlo con un grupo de mujeres?
¿Qué pasó después de retirarse de la alta competencia?
En realidad, nunca me retiré del todo. Sin embargo, en mi etapa fuerte en el atletismo se dieron los planes para ir a un Mundial. En 2004 viajé al Mundial de Atletismo en Puerto Rico y, estando allá, aproveché para dar el salto a Estados Unidos. Llegué a Springfield, Massachusetts, y desde entonces me quedé viviendo allá.
Seguí entrenando y empecé a participar en competencias de categorías senior, además de pruebas como duatlón y otras de resistencia. He competido durante varios años y he ganado varias de esas carreras. Sigo trotando, nadando y montando bicicleta. El deporte es algo que llevo en la sangre y hace parte de mi vida.
¿Qué la trae de regreso a Colombia?
Vine por varias razones, algunas personales, pero una muy importante es poder aportar. Siempre que tengo la oportunidad traigo o envío implementos deportivos como zapatillas de correr, pantalonetas y algunos elementos de entrenamiento. Son cosas que parecen pequeñas, pero que para muchos deportistas hacen una gran diferencia, porque sé lo difícil y costoso que es conseguirlas.
Este año traje algunos implementos para donar, especialmente a deportistas de bajos recursos. Yo pasé por eso y sé lo duro que es querer entrenar sin tener lo básico. Por eso siempre lo hago: porque sé quién fui y todo lo que me costó salir adelante en el atletismo. Aportar a los que vienen detrás de mí es una forma de agradecer y de no olvidar de dónde vengo.
Después de todo lo vivido, ¿qué es lo que hoy más agradece del atletismo y cómo ve el legado del Quindío?
Agradezco que el atletismo me lo dio todo. Gracias al deporte pude estudiar, trabajar y salir adelante; me formó como persona y me enseñó disciplina, sacrificio y carácter. Todo lo que soy hoy está ligado al atletismo y a las oportunidades que me abrió, especialmente el apoyo de la Universidad del Quindío para estudiar y competir.
Del Quindío me siento orgullosa porque aquí se han hecho procesos importantes y se ha escrito historia, sobre todo en los 800 metros. Hay talento y proyección. El legado está ahí y el departamento tiene con qué seguir creciendo si se mantiene la disciplina y el compromiso con el deporte.
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