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Con la mirada puesta en el centenario, la meta es fortalecer equipos, recuperar el carro escalera y dejar un legado ecológico.

El Cuerpo Oficial de Bomberos de Armenia cumplió el pasado 1 de septiembre 98 años de servicio a la comunidad, una trayectoria que comenzó en 1927 como respuesta a la necesidad de proteger a la ciudad tras la tragedia del incendio de Manizales en 1925. Desde entonces, la institución ha enfrentado emergencias, terremotos, incendios y retos de todo tipo, convirtiéndose en un símbolo de entrega, vocación de servicio y de amor hacia la comunidad.

El capitán Édgar Arenas Ospina, actual comandante del Cuerpo Oficial de Bomberos de Armenia, recordó la historia de la institución, algunas anécdotas, las dificultades que han superado y los proyectos que tienen de cara al centenario.

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¿Cómo nació el Cuerpo de Bomberos de Armenia?

La historia se remonta a 1927, cuando comerciantes y ciudadanos de la época se organizaron tras el incendio de Manizales de 1925. Compraron dos máquinas extintoras en Estados Unidos y las trajeron al servicio de Armenia. Desde entonces, los bomberos han sido parte esencial de la ciudad, primero con equipos básicos y luego con estaciones que ellos mismos ayudaron a construir con bingos, festivales, aportes y actividades comunitarias.

Usted ingresó en 1991, ¿qué recuerda de esos primeros años?

Era un régimen muy militar, muy estricto. Si uno cometía un error, lo sancionaban sin derecho a defenderse. Pero también fue una época de mucho aprendizaje, de disciplina y de entender que esta labor exige entrega total.

El terremoto de 1999 marcó un antes y un después para la institución, ¿cómo vivieron ese momento de la historia?

Ese día perdimos seis compañeros, una trabajadora y un mayor de bomberos voluntarios, además de 15 vehículos, incluido nuestro carro escalera insignia. La estación colapsó porque no cumplía con normas sismorresistentes. Yo me salvé porque en noviembre de 1998 me habían trasladado de compañía. Fue un momento de dolor e impotencia, pero también de resiliencia: tuvimos que volver a levantarnos prácticamente de la nada.

¿Cómo ha cambiado la labor del bombero en casi 100 años?

Antes era todo fuerza, cargar mangueras, entrar con chorros que a veces hacían más daño que el mismo fuego. Hoy la tecnología nos permite trabajar con más seguridad y eficiencia. Además, la ley amplió nuestras funciones, porque ya no solo apagamos incendios, también hacemos rescates de animales, atendemos incidentes con materiales peligrosos y capacitamos a la ciudadanía en prevención, ahora el rango de acción se ha ampliado y habrá un trabajo importante de la mano con la Corporación Regional del Quindío para rescatar y servir aún más a los animales.

¿Qué programas tienen hoy para la comunidad?

Uno de los más bonitos es “Bombero por un día”, donde las personas viven una pequeña parte de nuestra labor y aprenden sobre prevención. También vamos a colegios, empresas y barrios para enseñar el manejo de extintores, planes de evacuación y medidas de autoprotección. Todo esto es gratuito, porque creemos que la educación salva vidas y adicionalmente, la comunidad puede solicitar capacitación nuestra por medio de un oficio.

¿Cuáles son las principales necesidades actuales?

Aunque el año pasado logramos una licitación por más de $8.000 millones para equipos y vehículos, la crisis es grande. Necesitamos modernizar comunicaciones, parque automotor y equipos de rescate. También fortalecer la planta de personal, que hoy suma 66 bomberos.

¿Qué sueñan de cara al centenario en 2027?

Queremos conmemorar los 100 años con un evento internacional de bomberos y recuperar el carro escalera como símbolo de la ciudad. La meta es dejar un legado histórico y ecológico, sembrando árboles y protegiendo el medio ambiente, porque el futuro también depende de nosotros.

Y en lo personal, ¿qué significa para usted ser bombero?

Para mí es servir. Dios me puso aquí para ayudar. Cada vez que logro orientar a un comerciante, salvar una vida o acompañar a alguien en medio de la pérdida, siento satisfacción. Ser bombero transforma la vida, porque uno aprende que no importa el día ni la hora, siempre debe estar dispuesto a tender la mano.


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