En el Día Internacional del Camarógrafo y Fotógrafo, Didier Murillo Ospina recuerda su camino desde los cursos hasta convertirse en el ojo que registra la historia del Ejército Nacional.
Didier Murillo Espina, de 41 años y oriundo de La Tebaida, Quindío, encontró su vocación detrás de una cámara. Su nombre, que siempre llama la atención, tiene una historia sencilla y curiosa: “Solo Didier”, dice, recordando que sus papás lo escogieron al tratar de buscar algo poco común hace más de cuatro décadas.
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Su acercamiento al mundo de los medios comenzó después del terremoto de 1999 y desde entonces ha pasado por canales comunitarios, emisoras locales y pequeñas productoras, hasta consolidarse como fotógrafo institucional del Ejército Nacional, trabajo que desempeña desde el 2005.
Hoy, 20 de febrero, Día del Reportero y Camarógrafo, su trayectoria representa la mezcla entre disciplina, talento y amor por la institución donde ha construido su vida profesional y personal.
¿Cómo llegó su interés por los medios de comunicación y la fotografía?
Para muchos el terremoto fue difícil, pero para otros una oportunidad. Recuerdo que estaba finalizando el colegio en el Instituto Tebaida y nos dieron unas capacitaciones de medios, y me interesó mucho. Entonces, mientras estudiaba salía para un canal local que había en La Tebaida. Ahí inicié como camarógrafo, realizaba cubrimientos y les ayudaba en eso.
Aquella experiencia también me llevó a una emisora y, más tarde, a crear junto a un amigo, un pequeño canal local llamado Panorama Televisión, que duró entre 2 y 3 años. Era solo música, pero gracias a ese canal fue que me metí al Ejército, porque llegó el jefe de prensa de la brigada en el 2005 para que le hiciéramos un comercial a la incorporación. Y por medio de eso, a los 21 años, me convertí en voluntario.
¿Cómo fue adaptarse al trabajo del Ejército desde la fotografía?
Yo entré a prestar el servicio militar como cualquier muchacho, pero a los tres meses, cuando estaba en el servicio normal, me agregaron a la oficina de prensa de la Octava Brigada. Fue por el trabajo que ya hacía con la cámara y el recorrido que tenía.
Entonces mi servicio militar realmente fue como fotógrafo de la brigada. Ahí fue donde me enfoqué más en la fotografía y aprendí viendo videos, tutoriales, comprendiendo la edición, porque aquí me toca tomar las fotos, editarlas y también hacer publicidad, todo ha sido un proceso empírico. Adicionalmente, ir a los 55 municipios que tiene el eje cafetero y ya con la disciplina del servicio militar, uno se adapta.
¿Qué fue lo que más lo sorprendió al comenzar a trabajar como fotógrafo en el Ejército?
Lo que más me sorprendió fue todo lo que implica cuidar la imagen institucional. No solo se toma la foto, hay que fijarse que el soldado esté bien parado, que tenga el uniforme bien puesto y todo esté acorde. Además, se fortaleció la Oficina de Comunicaciones Estratégicas, cada año hacen un seminario en Bogotá donde nos dan técnicas y todo lo que debemos hacer. Eso me mostró que el trabajo era mucho más grande de lo que pensaba.
Una de las experiencias que más me marcó fue en el 2010, cuando acompañé al comandante de la brigada a tratar de sacar a unos bandidos que estaban atrincherados en una casa y le estaban disparando a la tropa. Nos tocó escondernos detrás de una roca, él con un megáfono llamándolos para que se entregaran y yo pendiente por si pasaba algo para tomar la foto. Gracias a Dios ellos entregaron las armas y salieron con las manos arriba. Todo eso quedó registrado.
¿Qué tan importante es registrar la labor del Ejército?
Es muy importante porque queda plasmado todo lo que sucede. Lo más importante de nosotros es resaltar lo bueno. Desafortunadamente hay momentos malos, pero no se pueden tapar. Igual todo hay que registrarlo, pero siempre mostrando la buena labor que hace el Ejército Nacional.
¿Qué consejo daría a quienes inician en la fotografía institucional?
Que disfruten la fotografía y la institución. No es solamente amar la fotografía, sino amar el lugar donde se ejerce. Por ejemplo, yo trabajo en el Ejército y también estoy enamorado del Ejército Nacional. Entonces, aparte de la fotografía, debo amar lo que estoy haciendo y resaltar también la empresa para la que se trabaja. Esto no es hacer por hacer, esto es una pasión.
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