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La doctora Patricia Landázuri fue reconocida como Investigadora Emérita por el Ministerio de Ciencia, asumiendo el mayor logro de su carrera no como una meta final, sino como la oportunidad de seguir impulsando a nuevas generaciones de científicos. Hoy, su legado se mide en estudiantes formados y caminos abiertos para la ciencia regional.

Patricia Landázuri es una mujer multifacética, es química, docente, investigadora y científica. Desde 1992 dirige el laboratorio y Grupo de Investigación en Bioquímica y Genética de la Universidad del Quindío y clasificado en categoría A. En diciembre pasado, su trayectoria fue reconocida con el título de Investigadora Emérita por el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación, el máximo reconocimiento al que puede aspirar un científico en Colombia.

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Nacida en Cali y criada en un hogar humilde encabezado por una madre analfabeta pero profundamente visionaria, Landázuri aprendió desde muy joven que el conocimiento no es un privilegio, sino una conquista que se construye con disciplina y esfuerzo. Llegó al Quindío en los años 80, cuando hacer investigación en la Universidad del Quindío era casi un acto de fe, y desde entonces ha sido testigo y protagonista del crecimiento de la ciencia en la región.

Es licenciada en Biología y Química de la Universidad del Valle y su vocación por la docencia se gestó desde sus años de formación como bachiller académica en la Normal Departamental para Señoritas de Cali. A los 18 años ya ejercía como docente en colegios de la capital vallecaucana, dando inicio a una carrera dedicada a la enseñanza y al conocimiento.

 

Su hoja de vida académica es un ramillete de logros alcanzados gracias a la perseverancia, la tenacidad y el trabajo constante. Realizó estudios de maestría en Ciencias Biomédicas en la Universidad del Valle, formación que culminó posteriormente en el Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas. En 1998 obtuvo su doctorado en Ciencias Biológicas en la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá y, hasta el año pasado, desarrolló una estancia posdoctoral en la capital del país.

Además, es líder del Grupo de Investigación en Bioquímica de Enfermedades Cardiovasculares y Metabólicas, desde donde ha impulsado procesos de investigación y diagnóstico en enfermedades metabólicas, cardiovasculares y genéticas, así como la formación de nuevas generaciones de científicos.

Hoy, tras más de tres décadas de trabajo riguroso y silencioso, la doctora Landázuri asume el reconocimiento como Investigadora Emérita no como un punto de llegada, sino como la oportunidad de dar un paso atrás para abrir camino a otros. Desde el laboratorio, el aula y la palabra honesta, continúa defendiendo la investigación científica, la educación pública y la dignidad del conocimiento como pilares fundamentales del desarrollo del país.

¿Cómo llega a la Universidad del Quindío y qué significó ese cambio?

En 1987 se abrió un concurso docente en la Universidad del Quindío. Un amigo me avisó, teniendo en cuenta que en esa época no existía el internet pero me presenté. Gané el concurso y me vine. Eso implicó dejar inconclusa mi primera maestría, pero luego la universidad me permitió terminarla en Venezuela. Desde entonces, la universidad del Quindío ha sido mi lugar de trabajo y de vida académica.

Usted ha sido pionera en investigación científica en la región. ¿Cómo fueron esos inicios?

Cuando llegué, prácticamente no había investigación. Conseguí un espacio muy pequeño en lo que llamábamos “La Finquita”, y desde ahí empezamos a construir el laboratorio de Bioquímica y Genética. Todo lo que hay allí, equipos de alto nivel, tecnología costosa se ha logrado a punta de proyectos externos. Nada ha sido regalado.

 

Es investigadora emérita reconocida desde el Gobierno Nacional. ¿Qué significa para usted?

Es llegar al tope en la carrera científica en Colombia. Es una categoría vitalicia. Pero no significa el final. Lo veo como un momento para dar un paso atrás y permitir que otros avancen, acompañarlos, guiarlos. Uno no se retira, uno cambia de lugar para seguir empujando.

 

¿Cuáles han sido sus principales líneas de investigación?

 

Empecé con enfermedades cardiovasculares: hipertensión, dislipidemias, aterosclerosis. Luego me enfoqué en enfermedades metabólicas de origen congénito, las llamadas enfermedades raras, especialmente en niños. También trabajamos en cáncer, con productos naturales como el maracuyá o la cáscara de plátano, y en temas ambientales, como el tratamiento de residuos industriales.

Me enfoqué en las enfermedades raras porque son enfermedades olvidadas. Son tan poco frecuentes que los recursos son mínimos, pero para las familias son una tragedia diaria. En Colombia no tenemos el desarrollo suficiente para atenderlas adecuadamente. Desde la investigación intentamos ofrecer soluciones, aunque muchas veces solo sean paliativas.

Además de científica, ha sido formadora. ¿Qué representa eso para usted?

Es lo más importante. Mis estudiantes deben volar, no quedarse. Muchos hoy son profesores en universidades del país y del exterior. Eso es lo que da sentido a todo. Formar personas, abrir caminos, acompañar procesos.

 

¿Ha enfrentado barreras por ser mujer, científica y afrodescendiente?

Muy difícil. Esta carrera no se hace sola y para una mujer es más dura: ser madre, profesora, investigadora, consejera. Los obstáculos han sido muchos, pero se pueden superar. Hay que luchar. No es fácil y no hay empleo para científicos en Colombia, pero si uno persiste, algo se logra.

Les diría que no desistan. Que luchen. Que entiendan que la ciencia en Colombia es resistencia. Que no es una carrera cómoda, pero sí profundamente necesaria. Y que el conocimiento siempre encuentra la manera de abrirse paso.

 

¿Qué le preocupa actualmente del panorama científico del país?

La falta de recursos. Estamos retrocediendo. Tenemos biodiversidad, agua, potencial infinito, pero no invertimos lo suficiente en investigar lo que tenemos. Así no vamos a salir del subdesarrollo.

 

¿Qué proyectos de vida tiene a corto y largo plazo?

Quiero bajar un poco el ritmo, sin irme del todo. Seguir formando estudiantes, cumplir con quienes confiaron en mí. Cuidar en mi hogar de mis plantas, mis orquídeas, y seguir aportando desde donde pueda. Eso es parte de lo que soy.


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