Saltar al contenido

Desde niña supo que quería rehabilitar personas, hoy sus pacientes la recuerdan como un ejemplo de humanidad.

Para la fisioterapeuta Marina Mejía García no hay caso imposible de tratar y curar con su mente perseverante y sus manos milagrosas. Nació en Montenegro en una familia de 12 hermanos y desde niña le conmovió la fragilidad humana, de ahí su vocación por ayudar.

Lea también: César Isaza: el quindiano que impulsa la inteligencia artificial desde México

Su trayectoria de más de 45 años como fisioterapeuta la ha hecho reconocida en Armenia y en distintos rincones donde ha ejercido, tanto así que algunos pacientes la llaman con cariño “Marina, la Milagrosa” o “Marina, la sanadora”.

Hoy, con la serenidad que le da el deber cumplido, que confirma con los testimonios y el amor que le profesan sus pacientes, habla de su profesión, de sus pacientes y de la ética como principio innegociable en la atención.

 

¿Cómo nació esa vocación?

Desde niña. En Montenegro había personas muy inválidas y yo sentía una mezcla de curiosidad y compasión por ellas. Mi mamá también fue una mujer muy amorosa, siempre ayudaba a los demás, y creo que de ahí heredé esa sensibilidad. Cuando llegó el momento de elegir una carrera, sabía que quería dedicarme a rehabilitar personas.

 

Usted ha dicho que el éxito de su trabajo está en el amor, ¿a qué se refiere?

Sí, el secreto es amar lo que uno hace y amar a los pacientes. Mi trabajo lo hago con dedicación, de manera individual, sin afanes. Cada caso es único. Esa entrega es lo que marca la diferencia, no la plata ni la cantidad de personas que uno atienda en un día.

 

Algunos la llaman “la milagrosa”, ¿qué siente cuando escucha eso?

No sé de dónde salió el calificativo. A veces me dicen así, pero no me lo creo. No soy milagrosa, soy una profesional que ama su oficio. Lo que pasa es que cuando uno trabaja con honestidad, disciplina y cariño, los resultados llegan.

 

¿Hay algún caso que recuerde especialmente?

Muchos. Uno que nunca olvidaré es el de un niño que se arrastraba para moverse. Con paciencia y terapia logró caminar a los seis años. Ese día lloramos todos de felicidad. Para mí cada paciente que vuelve a caminar, que recupera autonomía, es un triunfo que me llena el corazón y lo agradezco en grande, me llena el corazón.

 

Ha sido muy crítica con la falta de ética en la profesión. ¿Qué consejo le da a las nuevas generaciones de fisioterapeutas?

Que trabajen con ética y respeto por los pacientes. Me duele ver cómo en muchos lugares atienden a la gente como si fueran máquinas, cobrando mucho dinero por terapias sin dedicación o inútiles. Esta profesión no es solo técnica, es humana.

 

¿Cómo se describe hoy, después de tantos años de ejercicio?

Me siento realizada como profesional, como madre, como hermana y como mujer. He tenido muchas satisfacciones y creo que nadie puede ser más feliz que yo con lo que hago. El día que deje de trabajar será porque ya no puedo más, pero mientras tenga fuerzas seguiré ayudando a mis pacientes.  


junio 2026
L M X J V S D
1234567
891011121314
15161718192021
22232425262728
2930