Los animales, las plantas y los demás organismos biológicos reciben los nombres que los seres humanos les adjudican de acuerdo con su cultura y según su relación con ellos.
Y usualmente, en los diversos idiomas, a cada uno se le asigna un término para ser distinguido. Por ejemplo, al roedor conocido en el Quindío como guatín, en otras partes de su área de distribución le dicen también agutí, añuje, carma, cherenga, cotuza, cuy de monte, cuyago, guaqueque, guatusa, guatuso, jochi colorado, ñeque, picure, sereque y sihuayro; y en inglés, punctate agouti. A veces puede suceder que un nombre común de un ser vivo en un sitio, corresponda a otro completamente distinto en una región diferente.
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Este panorama de dificultad y confusión para la exacta identificación de los organismos biológicos llevó a los científicos a hacer propuestas para darles nombres que pudieran tener validez universal entre los estudiosos. Después de varios intentos, quien tuvo la fortuna de lograrlo fue el naturalista sueco Carl Nilsson Linnæus, reconocido como Carlos Linneo, quien planteó a mediados del siglo XVIII un sistema binomial conforme al cual cada ser viviente tendría una denominación compuesta de dos palabras, género y epíteto específico. Él mismo bautizó o rebautizó una gran cantidad de los organismos de su tiempo y aunque se han surtido innumerables cambios porque la Biología sigue siendo una ciencia en construcción, muchas de sus denominaciones siguen teniendo vigencia. De estos trabajos surgieron luego los códigos internacionales de nomenclatura de animales, de plantas (que comprende también hongos y cianobacterias), de bacterias y de virus, en los que se tienen protocolos y regulaciones muy precisas, que se revisan y actualizan de cuando en cuando, en congresos internacionales.
El roedor que ha merecido todos esos nombres tiene solo uno en latín: Dasyprocta punctata, que se lo asignó John Edward Gray, naturalista inglés que trabajó, entre otras disciplinas, como botánico (plantas), micólogo (hongos) y zoólogo (animales) y describió y publicó la impresionante cifra de 1.461 taxones biológicos. El vocablo del género Dasyprocta lo formó de las palabras griegas δασύς, dasýs, que significa ‘velludo’ y πρῶκτος, prōktós, ‘grupa’ o ‘vientre’, como una manera de destacar la abundancia de pelos en la parte posterior del animal. El epíteto latino punctata es ‘punteado’, al parecer por unos pequeños puntitos en su piel.
El guatín pertenece a la familia Dasyproctidae y se da desde el sur de México hasta el norte de Argentina en regiones boscosas hasta los 2.000 metros de altura. En Colombia ocurre en las regiones Andina, Pacífica y Caribe. Su dieta principal es principalmente de frutos silvestres, plantas, cortezas de árboles y semillas. Algunas de estas semillas las sepulta para ingerirlas después, con lo cual resulta que es un dispersante de plantas en los bosques donde habita, un verdadero sembrador.
Su carne es apetecida por algunos animales carnívoros y por algunas comunidades humanas. Esto motivó que Honduras solicitara y lograra que este simpático mamífero fuera incluido en el Apéndice III de CITES, convención que regula el comercio internacional de fauna y flora silvestres, como una manera de proteger sus poblaciones naturales.
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