Colaboración especial del Jardín Botánico del Quindío para NUEVA CRÓNICA QUINDÍO.
Cuando una planta, un animal o un hongo se da en diferentes partes de una región, inclusive en otros países, es bien probable que, en cada uno de tales sitios, las personas involucradas con estos organismos vivos los llamen de diferentes maneras, y así llegan a tener múltiples denominaciones.
Esto, que constituye una dificultad para los estudios biológicos, fue lo que llevó a los científicos a que ensayaran muchos formas de resolverla a fin de tener la certeza sobre cuáles especies estaban trabajando, hasta que Carlos Linneo en 1753 ideó lo que se ha llamado el sistema binario o binomial para la nomenclatura científica, que consiste en términos muy simples en asignarle el nombre de un género, por ejemplo, a plantas con algunas características comunes pero que se distinguen entre sí en un aspecto concreto, y a cada una de estas últimas les adjudicó otra palabra como especie. Para mencionar un caso, a los plátanos, bananos, bananas, cambures, topochos, maduros, guineos y muchas otras denominaciones, que son más de 50 plantas diferentes, les asignó Linneo el género Musa y un epíteto específico para cada una de ellas: así hay Musa paradisiaca, Musa textilis, Musa gracilis, etc.
Tanto los nombres de los géneros como de las especies los adjudican los biólogos a veces por aspectos físicos como tamaño de las hojas, o las características de la piel, o por la denominación que le dan los nativos del sitio, o como homenaje a algún científico en reconocimiento a sus méritos o como referencia al lugar donde fue encontrado el ejemplar tipo que sirvió para hacer la clasificación, y muchas otras razones.
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La palabra Quindío aparece en algunos nombres de plantas y animales. Es necesario precisar que la región del Quindío comprendía un territorio mucho más grande del que ocupa el actual departamento con el mismo nombre. Iba desde el río Magdalena hasta el río Cauca y desde el sur desde el actual Quindío hasta más arriba de Caldas. Durante el siglo XIX y buena parte del siglo XX la cordillera era conocida como “Andes de Quindío”, denominación que se debe recuperar. No se ha podido establecer quién fue el que la designó con el término impreciso de “cordillera central” (¡ya hay cuatro cordilleras reconocidas oficialmente!). Además aquella rememora a la etnia indígena de los Quindos, una de las varias que habitaban en esta región antes de la invasión de los europeos.
El vocablo Quindío, en diferentes declinaciones latinas, se ha usado entonces como epíteto para ser asignado a una rana: Centrolene quindianum; a un helecho arbóreo: Sphaeropteris quindiuensis; a una araña: Lygromma quindio; a dos subespecies de mariposas: Dalla puracensis quindio y Elzunia humboldt quinduensis; a dos polillas: Syssphinx quindana y Lurama quindiuna; a una subespecie de mirla: Turdus fuscater quindio; y desde luego al árbol nacional de Colombia: Ceroxylon quindiuense, la palma de cera del Quindío.
Las reglas que se aplican para estas labores están contenidas en los códigos internacionales de nomenclatura tanto botánica como zoológica. Si se busca, por ejemplo, en los textos de flora el género de la palma de cera del Quindío aparecerá lo siguiente: Ceroxylon Bonpl. ex DC., 1804. Los apellidos que se ponen enseguida de los nombres científicos corresponden al o a los investigadores que describieron ese taxón y que lo publicaron. El año corresponde al de la publicación. Bonpl. es la abreviatura de Aimé Bonpland, quien acompañó al célebre polímata Alexander von Humboldt cuando visitó esta región en 1803. Obviamente se toparon la planta en Toche, Tolima, que entonces hacía parte de la región del Quindío.
Si en esos mismos textos se averigua el nombre completo de la palma de cera figurará Ceroxylon quindiuense H.Wendl. ex H.Karst. Los dos personajes que estudiaron esta especie fueron el botánico alemán Hermann Wendland y el naturalista también alemán Gustav Karl Wilhelm Hermann Karsten.
La palabra Quindío es un vocablo sonoro que produce en el alma muy gratas evocaciones.
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