Estudiantes de biología de la Universidad del Quindío a través de la Fundación Soy Conservación de otro biólogo uniquindiano trabajan en este proyecto de conservación.
En la finca La Cascada de Sevilla (Valle del Cauca), se adelanta el proyecto de conservación de la biodiversidad liderado por la Fundación Soy Conservación, bajo la dirección del biólogo Diego Alejandro Gómez Hoyos, graduado de la Universidad del Quindío, cuyo trabajo se enfoca en proteger la rana rubí, una especie endémica de Colombia que se encuentra en categoría de vulnerabilidad. Este anfibio, cuyo nombre científico es Andinobates bombetes, habita en el Eje Cafetero y parte de los bosques del Valle del Cauca.
El proyecto cuenta con el apoyo del Grupo de Investigación en Ecología, Evolución y Conservación del programa de Biología de la Universidad del Quindío y miembros de la comunidad local. La ciencia participativa juega un rol central, ya que involucra a las personas que no forman parte del ámbito académico en la recolección de datos útiles para la protección de la biodiversidad local. Gómez Hoyos resalta que este enfoque de “ciencia participativa” permite a las comunidades generar y utilizar su propia información para el desarrollo de proyectos locales.
Uno de los aspectos más singulares de la rana rubí es que son los machos quienes cuidan de las crías. Tras la eclosión de los renacuajos, estos son transportados en sus espaldas hasta las bromelias, plantas que almacenan agua y resultan esenciales para su supervivencia. Sin embargo, la tala de bosques y la reducción de su hábitat han puesto en peligro a esta especie, así como a otras como el mono nocturno, la reinita canadiense y una lagartija de hojarasca, todas ellas también bajo la protección de la Fundación Soy Conservación.
La fundación, en colaboración con la comunidad y otras organizaciones como Caicebirding y la Asociación Sui Generis, ha logrado impulsar acciones de conservación en fincas de la región, ofreciendo el reconocimiento “Yo protejo la biodiversidad”, que se otorga a quienes se comprometen con el cuidado de los bosques y los ecosistemas estratégicos.
“Son las mismas personas las que conservan y reciben el reconocimiento. Ellos monitorean la biodiversidad y toman acciones para su conservación”, explicó Gómez Hoyos. Además, el proyecto fomenta nuevas oportunidades de desarrollo para la comunidad, como el aviturismo y otras formas de producción sostenible.
Una parte clave del trabajo realizado incluye la educación y la sensibilización, integrando la conservación con las agendas locales a través de festivales como Taiquenaju, que ha destacado especies icónicas de la región, incluyendo la rana rubí.
En colaboración con investigadores de la Universidad del Quindío, también se han hecho avances en el estudio de nuevas poblaciones de la rana rubí en Risaralda. “Gracias a estos esfuerzos, hemos podido registrar nuevas poblaciones de la rana en la zona”, mencionó el director del proyecto.
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Sobre la rana rubí
La rana rubí (Andinobates bombetes) juega un papel fundamental en los delicados equilibrios de los ecosistemas del departamento del Quindío. A diferencia de muchas ranas venenosas, la rana rubí no representa una amenaza letal para la salud humana, no más que una experiencia desagradable como dolores de cabeza o malestares en ojos y nariz si se llagara a manipular indebidamente.
Estas ranas son diurnas y pueden forrajear sin temor a depredadores debido a los colores brillantes, que no son más que una defensa efectiva contra posibles amenazas. Y aunque en su piel se encuentran toxinas, animales domésticos que llegarán a atacarla podrían experimentar sabores tan desagradables que no tendrían más opción que dejarla escapar.
Esta especie, a pesar de su aparente fragilidad, desempeña un papel vital en el control de poblaciones de insectos, su principal dieta. De esa forma, la rana rubí contribuye a mantener los ecosistemas en equilibrio al regular las poblaciones de estos invertebrados.
Sin embargo, la rana rubí enfrenta numerosas amenazas, especialmente debido a la pérdida de su hábitat. Su supervivencia está estrechamente ligada a condiciones específicas, como la presencia de bromelias sitio en el cual se reproduce y la calidad del hábitat forestal. La deforestación, la ganadería y la agricultura representan riesgos significativos para su supervivencia, ya que estos cambios alteran sus hábitats naturales.
“Es fundamental comprender que la preservación de la rana rubí no solo protege a esta especie en particular, sino que también contribuye a mantener la salud y el equilibrio de los ecosistemas del Quindío. Su presencia es un indicador de la calidad ambiental y de la estabilidad de los hábitats locales”, expresaron desde la Universidad del Quindío.
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