Colaboración especial del Jardín Botánico del Quindío para NUEVA CRÓNICA QUINDÍO.
Sucede a menudo en los trabajos científicos que quienes les asignan los nombres a los organismos biológicos, especialmente a animales y plantas, plantean cambios en la denominación, especialmente por el actual uso intensivo de la Biología molecular. Todo ello está regulado en los códigos internacionales de nomenclatura, universalmente aceptados. Con base en los genes agrupados en el genoma que contiene todo ser vivo, los investigadores pueden encontrar coincidencias, similitudes y diferencias que les facilitan la tarea de clasificar y reclasificar, que es básicamente el objeto de la taxonomía. La palabra ‘genoma’, formada de los vocablos ‘gen’ y ‘cromosoma’, corresponde a la secuencia de ácido desoxirribonucleico, ADN, que es una molécula del interior de las células con la información genética encargada del desarrollo y el funcionamiento de un organismo y de transmitirla de una generación a la otra. Hay una revolución constante en la nomenclatura precisamente por los avances en estas materias, pero no siempre hay unanimidad de los científicos en las conclusiones.
Algo así ha pasado con la loica pechirroja. Carlos Linneo en la página 178 de tomo I del ‘Sistema natural’, décima edición reformada, publicada en 1758, le adjudicó el nombre de Emberiza militaris, e indicó –y se equivocó– que su hábitat era América y Asia, siendo esta especie exclusiva de Chile hasta Costa Rica. Precisamente en Chile se le llama ‘loica’, que es una palabra en ‘mapudungun’ o araucano, idioma hablado por los mapuches, etnia aborigen que hizo feroz resistencia a la invasión española en el siglo XVI. La palabra Emberiza es derivada del alemán antiguo embritz, que significa ‘escribano’.
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Ahora el ave pertenece al género Leistes, propuesto en 1825 por Nicolás Aylward Vigors, ornitólogo irlandés, quien usó la palabra griega ληϊστής, leistes, que significa ‘ladrón’, ‘bandido’, ‘pirata’, ‘depredador’, por el hábito del ave de robar huevos e incluso pichones de otros nidos. Lo publicó en Londres, en 1825, en su trabajo ‘Bocetos en ornitología; u, observaciones sobre las principales afinidades de algunos de los grupos más extensos de aves’, que apareció en el volumen 2, No. 6 de la Revista Zoológica. El género Leistes tiene cinco especies reconocidas.
En algunos textos aparece que Leistes militaris tiene sinonimia con Sturnella militaris; en otros se indica que son diferentes. Esta discusión se refleja en la denominación asignada para el ave en inglés: Red-breasted Blackbird, según unos, que traduce ‘mirlo (o pájaro negro) de pecho rojo’; y otros Red-breasted Meadowlark, vale decir, ‘alondra de pradera de pecho rojo’, con la precisión que llaman ‘alondras’ a las aves cantoras mañaneras. La referencia a las praderas guarda relación con el comportamiento del ave de preferir terrenos abiertos como pastizales, arrozales o zonas deforestadas. En todo caso, parecería que hubiera más concordancia de la segunda denominación inglesa con Sturnella, que proviene como diminutivo en latín de sturnus, que traduce ‘estornino’, un ave europea, con la cual guarda cierta semejanza. El epíteto específico militaris luce como alusión, por el color rojo, a ciertos ribetes de algunos uniformes militares. Tal vez por ello también la llaman ‘soldadito’.
El zoólogo francés Mathurin Jacques Brisson acuñó en 1760 el género Icterus tomado del griego ικτερός, íkteros, ‘amarillo’, correspondiente tal vez a la oropéndula euroasiática, que, según la leyenda, curaba la ictericia con solo verla. Con esta base, el mismo Nicolás Vigors, en 1825, describió y publicó la familia Icteridae, a la que pertenece la loica pechirroja, que no tiene nada de amarillo. Pero sí muy bella y ladrona.
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