Colaboración especial del Jardín Botánico del Quindío para NUEVA CRÓNICA QUINDÍO.
“Fue entonces cuando cayó en la cuenta de las mariposas amarillas que precedían las apariciones de Mauricio Babilonia. Las había visto antes, sobre todo en el taller de mecánica, y había pensado que estaban fascinadas por el olor de la pintura. Alguna vez las había sentido revoloteando sobre su cabeza en la penumbra del cine. Pero cuando Mauricio Babilonia empezó a perseguiría, como un espectro que sólo ella identificaba en la multitud, comprendió que las mariposas amarillas tenían algo que ver con él. Mauricio Babilonia estaba siempre en el público de los conciertos, en el cine, en la misa mayor, y ella no necesitaba verlo para descubrirlo, porque se lo indicaban las mariposas. Una vez Aureliano Segundo se impacientó tanto con el sofocante aleteo, que ella sintió el impulso de confiarle su secreto…”
Este relato del libro ‘Cien años de soledad’ de Gabriel García Márquez se refiere a la mariposa amarilla sulfúrea migratoria que lleva como nombre científico Phoebis sennae. Es una bella especie que se da desde Canadá hasta Argentina con presencia en 30 países, en las ecozonas del Neotrópico y el Neártico. En algunas regiones migra durante el día, lo que es un asombroso espectáculo natural.
La especie fue descrita en 1758 como Papilio sennae por Carlos Linneo en la décima edición de su Sistema de Naturaleza, y precisó: “Habitat in Cassia Americes” (que equivale a decir vive en América en plantas del género Cassia). Papilio es mariposa en latín, y el epíteto específico sennae parece hacer relación con el género de una de las plantas nutricias de esta mariposa, y proviene del nórdico antiguo senna, derivado de sanna, que significa ‘afirmar’.
Aunque el entomólogo holandés Pieter Cramer falleció en 1776, su sobrino Anthony Van Rensselaar y su discípulo Caspar Stoll continuaron la labor de publicar sus trabajos y en 1779 en ‘Mariposas exóticas comunes de tres partes Asia, África y América’” quedó registrada la especie Papilio marcellina.
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Más adelante, en 1819, el entomólogo alemán Jacob Hübner acuñó el nombre Phoebis para un género de mariposas, con lo cual varió su denominación a Phoebis marcellina. El vocablo viene del latín phoebe y del griego Φοίβη, phoibe, proveniente de Φοίβος, phoibos, ‘el brillante’, ‘el resplandeciente’, que era la forma femenina de Febo, uno de los epítetos de Apolo, dios del sol en la mitología griega. El epíteto marcellina, al parecer está relacionado con marcelinus, relativo a Marte, dios romano de la guerra.
Y finalmente los científicos catalogaron la mariposa no como una especie sino como una subespecie de Phoebis sennae con el nombre de Phoebis sennae marcellina, que es el nombre actual de la mariposa que vuela en el Quindío, la misma que perseguía a Mauricio Babilonia en Macondo, y que ocurre desde Estados Unidos hasta Chile.
Es observable todo el año en sabanas, valles y pastizales. Coloca sus huevos en en el borde de las hojas de plantas de los géneros Senna y Cassia. Según Laura Camargo del Jardín Botánico del Quindío, los huevos son alargados, de color amarillo; las orugas también son del mismo color y con el cambio de estadio aparecen algunas líneas o puntos de color negro a lo largo de su cuerpo. Al formar la prepupa, coloca dos puntos de seda en la parte anal y en la parte ventral. La crisálida puede tener diferentes coloraciones: verde, amarilla e inclusive morada.
Es esplendorosamente bella.
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