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Se cree que sigue a los humanos en silencio y hace que se pierda en la espesura del bosque.

A este mamífero carnívoro se le dice tayra, palabra que documentalmente tiene muchos significados, pero al parecer la denominación proviene de ‘tair’ de la lengua tupí y traduce ‘animal que trepa árboles’. La especie fue publicada en 1758 por el naturalista sueco Carlos Linneo con base en un ejemplar recolectado en ‘Brasilia’, al que le asignó, entre los mamíferos salvajes, el nombre científico de Mustela barbara.

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En su descripción indicaba que era “de color negro, con una mancha blanca trilobulada en el cuello”1, que es una característica única e inequívoca.

El epíteto barbara derivó del latín barbărus, y este del griego βάρβαρος, bárbaros, que significa ‘extranjero’, aunque por extensión también se otorga este calificativo por ser el sujeto ‘fiero’ o ‘cruel’. A su turno, Mustela, en latín, es ‘comadreja’, que corresponde hoy a un género de mamíferos de Eurasia, América y norte de África. No obstante, el naturalista inglés Charles Hamilton Smith estableció en 1842 el género Eira teniendo precisamente como especie tipo la Mustela barbara de Linneo. Eira era el nombre que le daban los guaraníes2 a esta especie. Por esta razón el nombre completo quedó desde entonces como Eira barbara. Es monotípico, es decir que solo hay una especie dentro del género.

Pertenece a la familia Mustelidae, cuyo autor fue en 1817 el naturalista alemán Johann Gotthelf Fischer von Waldheim, quien entre sus muchas actividades ocupó el cargo de director del Museo de Historia Natural de la Universidad Estatal de Moscú. Los miembros de la familia Mustelidae están presentes en todo el planeta con excepción de Oceanía. Generan un olor fuerte a través de una glándula de secreción anal con el que marcan territorio. En Colombia han clasificado cinco géneros y siete especies.

La tayra se da en el Neotrópico, desde el sur de México hasta el norte de Argentina, especialmente en regiones arboladas desde las tierras bajas hasta los 2400 de altitud. Los científicos han identificado ocho subespecies y conforme a los mapas de distribución, la que ocurre en Colombia se denomina Eira barbara sinuensis.

Según el profesor Hugo Mantilla, en algunas comunidades amazónicas, como entre los ticunas o shipibos, por ejemplo, la tayra es vista como un animal guardián del bosque, al que míticamente consideran un vigilante silencioso, que observa a los humanos que se internan en la selva y si alguien daña el entorno natural o caza en demasía, la tayra puede seguirlo en silencio y hacer que se pierda en la espesura del bosque.

Las tayras permanecen activas durante el día y parte en la noche. Su alimentación es variada, desde frutas, semillas, miel y artrópodos hasta pequeños vertebrados como aves, reptiles, mamíferos y peces. Son ágiles para trepar árboles y buenas nadadoras. Andan solitarias, aunque viven en pareja, no caminan en la punta de las patas como otros mamíferos similares y se aparean durante la noche. Como curiosidad, entonan una buena diversidad de sonidos, y tienen la costumbre de guardar frutas maduras para consumirlas más tarde, algo que no es muy corriente entre los carnívoros.

Este conspicuo mamífero está presente en el Jardín Botánico del Quindío y muchos turistas de naturaleza lo han apreciado, especialmente por la zona del observatorio de aves.


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