La palabra mamífero la integran dos vocablos latinos: mamma, que es ´teta’, ‘pezón’, y el elemento compositivo ‘-fero, cuyo significado es ‘que lleva, contiene o produce’.
Los mamíferos conforman una clase de animales vertebrados con 10 órdenes, una de las cuales es Perissodactyla, es decir los perisodáctilos o ungulados, que se distinguen, como su nombre lo indica, porque sus extremidades contienen un número impar de dedos que terminan en pezuñas. Una de las tres familias de este orden se denomina Tapiridae, descrita en 1821 por el zoólogo británico John Edward Gray. Solo hay un género dentro de ella, Tapirus, llamado así en 1762 por el zooólogo francés Mathurin Jacques Brisson; lo curioso es que el ejemplar tipo había sido publicado por Carlos Linneo cuatro años antes con el nombre de Hippopotamus terrestris, lo que pone de relieve la cercanía entre estos taxones.
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Según el profesor Hugo Mantilla Meluk, Colombia es el hábitat de tres especies de tapires, también llamados dantas; en el planeta hay cuatro. Una de ellas es el tapir de montaña, Tapirus pinchaque, uno de los mamíferos andinos terrestres más grandes.
Según se lee en la página institucional de la Academia colombiana de ciencias exactas, físicas y naturales, el General Francisco de Paula Santander, durante su primer mandato como presidente, creó la ‘Comisión científica permanente’ (o ‘Misión Zea’) bajo la dirección de Juan Francisco Antonio Hilarión Zea Díaz, quien fue un político, botánico y periodista, que alcanzó el rango de vicepresidente de la Nueva Granada. La misión estuvo integrada además por el químico Jean-Baptiste Boussingault, el médico François-Desiré Roulin, los auxiliares Jacques Bourdon y Justin-Marie Goudot, y el químico e ingeniero de minas Mariano Rivero. Según el mismo Mantilla, uno de ellos, Roulin, en ejercicio de este trabajo, fue quien describió en 1829 la especie Tapirus pinchaque, a partir de dos cráneos procedentes, uno, del páramo de Sumapaz, y el otro, del páramo de Quindío. El epíteto específico ‘pinchaque’ es una palabra de origen quechua que hace referencia a criatura mitológica de las etnias indígenas de la región del Quindío.
Se da en ecosistemas de alta montaña desde Perú hasta Colombia. En este país ocurre en la Cordillera Andes de Quindío (Central) y una porción al sur de la Cordillera Oriental desde el sur del país hasta el Parque Nacional Natural los Nevados.
A pesar de la aún deficiente información sobre su biología y ecología, los científicos estiman que en la actualidad quedan en el país menos de 2500 individuos. Por esta razón la resolución 126 de 2024 del Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible sobre especies de la biota nativa amenazada tiene esta especie en categoría ‘En peligro’ (EN). Así también está catalogada en las Listas rojas de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza. La causa es la devastación de su hábitat en zonas de alta montaña y páramo. Adicionalmente, como lo ha indicado el profesor Mantilla Meluk, una de las principales amenazas es la infestación por larvas de la mosca barrenadora del ganado, Cochliomia hominivorax. Por causa del cambio climático y el efecto del calentamiento en los sistemas de montaña, esta mosca, habitante típica de las tierras bajas cálidas por debajo de los 2600 m.s.n.m., ha ascendido con la ganadería y ha encontrado en las dantas otro huésped para poner sus huevos y completar su ciclo vital. La mosca puede poner miles de huevos microscópicos en heridas de animales de sangre caliente, como la danta y en pocas semanas, al crecer las larvas, empiezan a consumir la carne del animal vivo, creando infecciones considerables (miasis), que han causado la muerte de muchos individuos.
Hay grupos trabajando para salvar a los pocos ejemplares de esta bella especie que todavía habita en las montañas de Quindío. Se requiere mucha ayuda.
El vocablo Perissodactyla fue formado de dos términos griegos περισσός, perissós, ‘impar’ y el elemento compositivo δακτυλο-, daktylo-, ‘dedo’.
La última revisión comprensiva de la taxonomía de las especies vivientes del género fue realizada en 1954 por el mastozoólogo estadounidense Philip Hershkovitz. La palabra ‘tapir’ se deriva de tapira, como se denomina en lengua tupi-guaraní, propia de algunas etnias indígenas suramericanas.
Bulletin of Zoological Nomenclature 55[1] March 1998. P. 65. https://www.biodiversitylibrary.org/page/12441433#page/81/mode/1up
«Mémoire pour servir à l’histoire du tapir, et description d’une espèce nouvelle (le tapir pinchaque) appartenant aux hautes régions de la Cordillère des Andes». Ann. Sci. Nat., Paris (1re Serie) 17: 107-112. https://archive.org/details/b22393298. El doctor Hugo Mantilla ha precisado que el cráneo y la publicación originales desaparecieron del Museo Nacional de Historia Natural de París, y en la actualidad no existe claridad sobre la designación de material de referencia. Se recomienda el libro ‘Colombia país de tapires’ de los científicos Fernando Trujillo, Hugo Mantilla y Federico Mosquera. https://www.omacha.org/descargas/2025/Libro_Colombia_Pais_de_Tapires.pdf
Dijo así el científico: “propongo llamarla Tapir pinchaque, siendo la palabra pinchaque el nombre de un fabuloso animal cuya historia se basa principalmente en la existencia de nuestro Tapir en una alta montaña de la Nueva Granada” (p. 71). https://ia600300.us.archive.org/25/items/b22393298/b22393298.pdf
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