Los silfos habían sido mencionados, pero no descritos, por el alquimista suizo del siglo XVI Teofrasto Paracelso, famoso dizque por descubrir cómo convertir el plomo en oro. Tiempo después, un abad francés del siglo XVII, Nicolas-Pierre-Henri de Montfaucon de Villars, se había referido a estos seres en su obra «El Conde de Gabalis o coloquios … Continuar leyendo
Los silfos habían sido mencionados, pero no descritos, por el alquimista suizo del siglo XVI Teofrasto Paracelso, famoso dizque por descubrir cómo convertir el plomo en oro. Tiempo después, un abad francés del siglo XVII, Nicolas-Pierre-Henri de Montfaucon de Villars, se había referido a estos seres en su obra «El Conde de Gabalis o coloquios sobre ciencias secretas», con estas palabras: “El aire está lleno de una innumerable multitud de pueblos con figura humana, aparentemente un poco orgullosos, pero en verdad dóciles: grandes amantes de la ciencia, sutiles, extraordinarios para los sabios, y enemigos de los tontos e ignorantes. Sus mujeres e hijas (que corresponden a las sílfides) son bellezas masculinas, representadas por las amazonas”. La palabra latina sylfus significa ‘genio’ y de acuerdo con las cábalas —escrituras antiguas posteriores a las mosaicas— eran seres fantásticos o espíritus elementales que vivían en el aire.
Resulta asombroso que en la tradición americana hayan denominado con esta palabra a un grupo de colibríes, que efectivamente aún los vemos danzar en el aire. El Silfo coliverde, también llamado Silfo de King, como lo recomienda la Sociedad Española de Ornitología, es un bello ejemplo. Pertenece a la familia Trochilidae, descrita en 1825 por el ornitólogo irlandés, Nicolás Aylward Vigors, quien formó la palabra del griego trochílos, nombre de un chorlito africano, cosa que sorprende porque se trata de aves americanas.
El género del ave es Aglaiocercus, publicado en 1930 por el ornitólogo estadounidense John Todd Zimmer, denominación formada de los vocablos griegos aglaii, ‘hermosura’, ‘esplendor’, y kérkos, ‘rabo’, ‘cola’; en resumen, cola esplendorosa. Este género de colibríes es exclusivo del norte y occidente de Suramérica, en Colombia, Venezuela, Ecuador, Perú y Bolivia. Zimmer además de curador asociado del asombroso Museo de Historia Natural de New York fue el editor durante seis años de la Revista The Auk, órgano de la Unión Americana de Ornitólogos desde 1884. Auk significa alca, Pinguinus impennis, especie de pingüino del hemisferio norte que se extinguió en el siglo XIX.
El epíteto específico de este colibrí es kingii dedicado por el médico y botánico francés René Primevère Lesson a Phillip Parker King, un hidrólogo nacido en Australia, quien visitó Suramérica entre 1825 y 1830. El nombre científico del Silfo coliverde es entonces Aglaiocercus kingii; en inglés se le llama Long-tailed Sylph, que se puede traducir como Silfo de cola larga.
Es principalmente nectarífero y también se alimenta de insectos que caza en pleno vuelo. En el territorio colombiano se da en las tres cordilleras desde los 1400 hasta los 3000 metros de altitud. Han identificado seis subespecies: A. k. caudatus, A. k. emmae, A. k. kingii, A. k. margarethae, A. k. mocoa y A. k. smaragdinus.
En la lista de aves en peligro de la Unión Internacional de Conservación de la Naturaleza figura en la categoría preocupación menor (LC). No aparece en la resolución sobre biota amenazada de Colombia.
Parece un ave salida de la fantasía. Como los silfos.
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