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Los murciélagos son los únicos mamíferos voladores del mundo y conforman el orden Chiroptera (que se pronuncia ‘quiróptera’), taxón que fue publicado en 1779 por el naturalista alemán Johann Friedrich Blumenbach, y para crear el nombre unió dos elementos compositivos: quiro- derivado del griego χειρο-, cheiro-, que significa ‘mano’, y ‒́ptero, también originado en el griego πτερο- ptero- y -πτερος -pteros, que traduce ‘ala’, dado que en los murciélagos las alas cumplen también la función de manos.

Los murciélagos constituyen el segundo grupo más numeroso de mamíferos, superado únicamente por los roedores, y con sus 1462 especies representan el 25% de todos ellos. Colombia disputa con Indonesia el rango de ser el país con mayor diversidad de quirópteros en el planeta: se estima que pueden habitar en este país un total de 220, algo más del 15%. A su turno, el Quindío es un sitio excepcional para los murciélagos, dado que con menos del 1% del territorio continental del país, tiene 54 especies, casi la cuarta parte de ellos.

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De las 17 familias de murciélagos, hay una que lleva el nombre de Phyllostomidae, cuyos miembros, según el mastozoólogo Hugo Mantilla Meluk, han experimentado lo que varios autores consideran la más diversa evolución en hábitos alimenticios en el planeta. Entre ellos se encuentran formas que consumen insectos (eficientes controladoras de plagas); otras que se alimentan de frutos, cuyas semillas son dispersadas a otros espacios naturales por estos jardineros y sembradores de bosques; en la mitad de esta transición se encuentran unos murciélagos que ingieren el néctar de las flores y al hacerlo ayudan a la polinización, el segundo proceso más importante para el mantenimiento de la vida en el planeta después de la fotosíntesis. Los murciélagos polinizadores ­añade Mantilla­ lejos de ser una rareza, son organismos muy diversos que suman 55 especies diferentes, con adaptaciones muy variadas, como lenguas en forma de trapero o de pitillos; incluso cráneos con rostros alargados que les permiten un mayor acople con las flores que visitan. Estas adaptaciones extremas se conocen como síndromes de quiropterofilia, que literalmente traduce: historias de amor entre las plantas y los murciélagos que las visitan y corresponden a relaciones tejidas por millones de años.

El murciélago polinizador de rostro largo, de nombre científico Glossophaga longirostris, fue descrito en 1898 por el zoólogo y botánico estadounidense Gerrit Smith Miller, Jr., con base en un espécimen recolectado en Santa Marta, Colombia. El vocablo Glossophaga fue formado de la palabra griega: λῶσσα, glôssa, que es ‘lengua’, y del elemento compositivo φαγο-, phago-, y -φάγος, -phágos, que significa ‘que come’, es decir que usa la lengua para alimentarse. El epíteto específico longirostris traduce en latín ‘de rostro largo’.

Este murciélago se distribuye ampliamente desde Costa Rica, en algunas islas del Caribe, y hasta Suramérica, en el norte de Brasil. En este territorio la especie está principalmente asociada a las regiones áridas y semiáridas, aunque está presente en diferentes áreas forestales en todo Colombia. En el Quindío comparte los bosques con otras nueve especies de murciélagos polinizadores, siendo una de las más frecuentes por debajo de los 2200 metros de elevación.

Siguiendo al profesor Mantilla, se han alterado los patrones de lluvias en el Quindío, y consecuentemente los ciclos de producción de flores y de néctar en las plantas, debido al cambio climático, en particular al calentamiento global. Las plantas atraen a los murciélagos y a otros polinizadores con sus flores, que son como banderines llamativos y les retribuyen la visita brindándoles el néctar. Sin una regularidad en su producción, estos polinizadores visitan a destiempo las plantas afectando gravemente su reproducción. En los sistemas de montaña son muchas las plantas afectadas y sin ellas se pierden los beneficios que nos prestan regulado el ciclo del agua, el ciclo de captura de CO2 de la atmósfera y la producción de alimento para las especies silvestres y los humanos.

En un esfuerzo conjunto entre la Universidad del Quindío y el Jardín Botánico del Quindío, la joven investigadora Karol Yiseth Álvarez y su tutor, el profesor Hugo Mantilla Meluk, diseñaron flores robóticas inteligentes que se instalaron en el jardín, capaces de registrar no solo el momento en que los murciélagos de rostro largo las visitaban, sino también más de una docena de variables climáticas, con el objetivo de entender como la alteración del clima afecta la polinización. Esta investigación pionera y de muy alto nivel tecnológico fue la primera realizada en Colombia sobre el tema y las autoridades académicas de la Universidad le dieron un reconocimiento como tesis meritoria.

La naturaleza nos habla y nos aconseja, si la escuchamos. Se espera que esta generación de conocimiento transdisciplinar y transectorial se convierta en acciones concretas que ayuden a preservar estas especies tan relevantes.


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