La visión de los murciélagos no es muy aguda, pero en compensación tienen muy desarrollada la ecolocalización.
Cuando un niño que aún no ha aprendido a hablar bien el Castellano por pronunciar la palabra ‘murciélago’ dice ‘murciégalo’, resulta que está expresando el vocablo original como antes se denominaba a este mamífero volador. La dicción ‘murciégalo’, que se transformó luego en murciélago, viene del latin mus, muris ‘ratón’ y caecŭlus, diminutivo de caecus, que es ‘ciego’, porque se tenía la creencia que estos organismos biológicos casi no veían y porque tienen algún parecido físico con los ratones. En latín el murciélago se denomina vespertilio, palabra que también existe en Castellano, y que viene del vocablo latino vesper, que es ‘atardecer’, porque ellos comienzan su actividad cuando agoniza el día, en el crepúsculo: son animales nocturnos.
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En realidad, la visión de los murciélagos no es muy aguda, pero en compensación tienen muy desarrollada la ecolocalización, que es la capacidad de un ser vivo o de un aparato para detectar la presencia de un objeto cercano, mediante la emisión de un sonido que se devuelve por reflexión de la superficie del otro y le da, de esta manera, información sobre su distancia y tamaño. Los murciélagos emiten ultrasonidos, casi inaudibles para el oído humano, lo que les permite volar en la noche sin tropezar con la vegetación circundante y además detectar insectos para cazarlos como alimento.
Estos mamíferos están agrupados dentro del orden Chiroptera (que se pronuncia ‘quiróptera’), taxón creado en 1779 por el científico alemán Johann Friedrich Blumenbach, quien fue antropólogo, fisiólogo, médico y naturalista. El orden tiene 17 familias. Una de tales familias es Phyllostomidae, publicada en 1825 por el naturalista inglés John Edward Gray. Dentro de esta familia está el género Anoura, que congrega 7 especies. El mastozoólogo estadounidense Charles Overton Handley, Jr. describió y publicó en 1984 una de ellas, la especie Anoura latidens. Según la etimología significaría su nombre “murciélago sin cola de dientes anchos”.
Según la UICN (Mantilla, H. & Molinari, J. 2008) los alimentos preferidos de los murciélagos o vespertilios sin cola de dientes anchos son los insectos, los frutos, el néctar y el polen. Habitan las cuevas o los huecos de árboles en bosques lluviosos de tierras bajas, bosques caducifolios, jardines y plantaciones, entre los 50 y los 2100 metros de altura sobre el nivel del mar. Son residentes en Colombia, Venezuela, Guyana y Perú. En el Quindío varios ejemplares de este murciélago viven en los túneles abandonados en Calarcá de los primeros intentos de construcción del cruce subterráneo de la cordillera Andes de Quindío.
Como curiosidad, los estudios desarrollados por Andrés Felipe Vargas de la Universidad del Quindío, bajo la dirección de Hugo Mantilla-Meluk, demostraron que los murciélagos ceden los refugios más estables a las hembras con sus crías mientras los machos son itinerantes, y se mueven de colonia en colonia.
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