Las púas de los puercoespines son pelos modificados con un tubo exterior grueso y duro de queratina.
“Un grupo de puercoespines se apiñaba en un frío día de invierno para evitar congelarse calentándose mutuamente. Sin embargo, pronto comenzaron a sentir unos las púas de otros, lo cual les hizo volver a alejarse. Cuando la necesidad de calentarse les llevó a acercarse otra vez, se repitió aquel segundo mal; de modo que anduvieron de acá para allá entre ambos sufrimientos hasta que encontraron una distancia mediana en la que pudieran resistir mejor. — Así la necesidad de compañía, nacida del vacío y la monotonía del propio interior, impulsa a los hombres a unirse; pero sus muchas cualidades repugnantes y defectos insoportables les vuelven a apartar unos de otros… No obstante, el que posea mucho calor interior propio hará mejor en mantenerse lejos de la sociedad para no causar ni sufrir ninguna molestia”1.
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Esta parábola, original del filósofo alemán Arthur Schopenhauer, se hizo especialmente célebre en su tiempo y ha sido elemento de análisis por los estudiosos de la mente y las conductas humanas. Lo real es que los puercoespines de las regiones frías, durante el invierno, permanecen en sus guaridas porque no soportan bajas temperaturas. Y en todo caso, los seres humanos con profunda vida interior toleran mejor la soledad y aún la disfrutan. Ese era el mensaje del filósofo.
Las púas de los puercoespines son pelos modificados con un tubo exterior grueso y duro de queratina, una proteína fibrosa presente en las células epiteliales de los vertebrados. Se desprenden fácilmente al insertarse en la piel de los predadores eventuales, pero, a pesar de la creencia popular, nunca son disparadas. Hay otros animales con espinas como los erizos y los equidnas, que no hacen parte del mismo grupo de los puercoespines y son filogenéticamente distantes.
Los puercoespines del Viejo Mundo y los del Nuevo Mundo son mamíferos roedores que pertenecen a taxones diferentes. Las siete especies que se dan en Colombia2 están incluidas en la familia Erethizontidae3 y en el género Coendou4, descrito en 1799 por el conde de Lacépède Bernard Germain Étienne de Laville-sur-Illon. Este género agrupa 18 especies neotropicales que ocurren desde México hasta Uruguay.
En el Quindío está presente el puercoespín colicorto, de nombre científico Coendou rufescens, publicado originalmente en 1865 por el zoólogo británico John Edward Gray como Echinoprocta5 rufescens, que se considera su sinónimo homotípico. El epíteto latino rufescens significa ‘rojizo’, proveniente de rufus, que es rojo. Precisamente “la parte distal es de color marrón negruzco y el punto da lugar a un anillo de color rojizo”6. Su distribución se circunscribe a los Andes de Colombia, Ecuador, Perú y Bolivia.
Es arborícola y nocturno; su alimento principal son las frutas y las semillas. Y es, por las razones expuestas, un animal solitario. Sabe guardar distancias.
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