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La zarigüeya, también conocida como chucha, es un marsupial vital para los ecosistemas. Su rol como controladora de plagas y su dedicación materna la convierten en una especie clave que merece mayor protección y reconocimiento.

Los mamíferos marsupiales tienen una característica muy especial: sus crías nacen prácticamente en estado fetal.

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Por ejemplo, las zarigüeyas dan a luz luego de máximo 13 días de gestación, y los recién nacidos se albergan en el marsupio de la hembra, que es una bolsa en el abdomen hasta con 13 pezones en su interior, donde completan su desarrollo durante 90 días más. Tienen pues una incubadora natural. Lo increíble es que apenas viven de dos a cuatro años. La camada puede ser de 10 o más crías. No hay en el reino animal un cuidado parental mejor que el de las zarigüeyas.

Los marsupiales conforman la infraclase Marsupialia, que fue descrita y publicada en 1811 por el zoólogo alemán Johann Karl Wilhelm Illiger. La otra infraclase de mamíferos es Placentalia, a la que pertenecen los placentarios, entre ellos los humanos. Los científicos han establecido que la separación evolutiva entre marsupiales y placentarios ocurrió entre 125 y 160 millones de años atrás, durante el Jurásico medio y el Cretácico inferior. Por ello se les considera ‘fósiles vivientes’. Los marsupiales solo están presentes en Australia, Nueva Guinea, Tasmania, Wallacea y América. Hay cerca de 270 especies en el mundo.

La zarigüeya, también llamada ‘chucha’ o ‘fara’, es un marsupial cuyo nombre científico es Didelphis marsupialis. El género proviene del elemento compositivo di-, originario del griego δι- di-, que significa ‘dos’ y δελφύς, delphýs, que es ‘matriz’; como si el marsupio fuera un segundo útero. Pertenece al orden Didelphimorphia, exclusiva del continente americano, y a la familia Didelphidae. Su área de distribución es desde el oriente de México hasta el norte de Brasil, Perú y Bolivia, en bosques tropicales y subtropicales, hasta los 2200 metros de altitud. En el Quindío se le encuentra en muchos espacios naturales.

Según el profesor Hugo Mantilla, aunque la dieta de las zarigüeyas está basada principalmente en frutos, de los cuales son dispersoras de sus semillas, se alimenta también de escorpiones, alacranes, garrapatas, arañas, cucarachas, otros insectos, ratones, caracoles y hasta serpientes, por lo cual son excelentes controladoras biológicas de plagas en zonas urbanas y rurales. Tienen en particular que son inmunes a la mayoría de los venenos de algunos animales, lo que les permite consumirlos sin riesgo.

Uno de los principales depredadores de las zarigüeyas son los propios seres humanos, que inexplicablemente las matan sin saber que son animales muy útiles en los ecosistemas y en la agricultura. Muchas de ellas mueren arrolladas por los vehículos automotores en las carreteras. Otro aspecto curioso es que cuando ellas se sienten en peligro, emanan por sus glándulas un olor muy fétido para ahuyentar a sus depredadores; también se quedan inmóviles, haciéndose las muertas.

Considera el profesor Mantilla que son de los mamíferos más aseados de la naturaleza: se acicalan constantemente, lo cual las ayuda a eliminar parásitos y como su temperatura es un poco más baja que la del promedio de los mamíferos, en ellas son menos frecuentes las enfermedades parasitarias y virales.

Son animales nocturnos. No son peligrosos. Hay que aprender a conservar las zarigüeyas. Se necesitan. Hay que hacer este esfuerzo.


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